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martes, 8 de febrero de 2011

Inerte (cuento)


Ya habia visto morir y nacer generaciones de cucarachas.
Caminaban a lo largo y ancho de su cuerpo, todos los dias, a toda hora. siempre en la misma direccion, el mismo monotono sentido.
Claro que no las veia, la oscuridad era total. Pero sentia los cientos, miles de patas caminando, marchando, hora tras hora; obteniendo y cargando el alimento que era El mismo. Pero eso ya no le importaba, hasta las encontraba simpaticas, rasgando su piel, sus musculos y sus huesos.
Esos huesos que ya no le respondian, tal vez por la falta de tendones o por el estrecho espacio que tenia entre las paredes de madera.
Solo a veces, como evento raro, podia sentir la humedad que se colaba entre las grietas de la tapa del cajon que, con suerte en un par de decadas, cederia a la presion de los tres metros de tierra que tenia sobre si.
Las grietas habian sido apresuradas por las uñas, que se pudrian junto a restos de piel, al costado de sus caderas, alejadas de sus dedos rigidos. Tan rigidos como sus muñecas y codos.
Inertes, alejados de su cara, sin poder rascarse la nariz y quitarse aquella comezon que lo estaba volviendo loco.